LA CIRUGÍA PLÁSTICA

Es la especialidad de la Medicina orientada a la reconstrucción, reparación y armonización de las formas visibles del cuerpo humano, interviniendo sobre la piel, sus anexos (pelo, uñas, mama y otras glándulas) y en algunas ocasiones también sobre el sistema músculo-esquelético, utilizando para ello métodos quirúrgicos.

 

La Cirugía Plástica ayuda a las personas con problemas relacionados a su imagen corporal corrigiendo o mejorando alteraciones que afectan la forma, la función o ambas. Estas alteraciones pueden existir desde el nacimiento, denominándose congénitas, o bien haber aparecido a lo largo de la vida de la persona y entonces se llaman adquiridas. Al primer grupo corresponden las malformaciones. El segundo incluye una gran variedad de situaciones clínicas, como son las secuelas de accidentes, los tumores, los procesos de involución como el envejecimiento y los cambios a nivel de los tejidos a causa de procesos como el adelgazamiento, en el que queda como remanente un exceso de piel y tejido subcutáneo que redundan.

Para lograrlo utiliza distintas técnicas y procedimientos quirúrgicos que pueden incluir la colocación de injertos, el desplazamiento de tejidos (colgajos), su remoción o transplante y aún el implante de materiales biológicos como la grasa, y no biológicos inertes (que no interaccionan con el organismo).

Dentro de la especialidad existen dos campos de intervención que tienen objetivos diferentes, pero que deben llevarse a cabo con igual rigurosidad: la Cirugía Plástica Reparadora y la Cirugía Plástica Estética. La primera se orienta a corregir la función y la forma de estructuras lesionadas por quemaduras y accidentes, así como por distintas enfermedades, ya sea congénitas o adquiridas.

La Cirugía Plástica Estética interviene básicamente sobre estructuras normales y en personas sanas o compensadas de sus enfermedades crónicas (Vg. diabetes, alergias, hipo e hipertiroidismo, hipertensión arterial). Tiene como finalidad fundamental modificar las formas adecuándolas a patrones estéticos culturalmente definidos para lograr una mayor armonía del aspecto físico o mejorar los efectos del envejecimiento.

Armonía es la proporción y correspondencia entre las partes de un todo. Es un principio que se considera para la producción en las distintas manifestaciones del arte como la pintura y la música, y responde a parámetros estudiados para cada una de ellas, de modo que la creación lograda; resulte agradable a los sentidos.

Aplicado a la Estética, este principio es orientador del procedimiento a realizar. Éste debe considerar las proporciones de la figura humana que son diferentes según se trate de un hombre o una mujer, la naturalidad del resultado y el respeto de la funcionalidad normal del órgano. Por lo tanto, para cada persona existe una indicación óptima y precisa que contemple sus parámetros de altura y largo del talle, ancho de hombros y de cadera, forma de la cara y relación entre sus partes, entre otros. Se trata pues, de que las proporciones respondan a los parámetros que en la figura humana generan una percepción agradable, aunque no siempre remitan a la idea de perfección que las personas puedan tener.

Como puede verse, la Cirugía Plástica tiene siempre el desafío de lograr los cambios en forma precisa e integrada, para dar un resultado específico, diferente e innovador en cada situación. Esto es, tiene el desafío de la personalización del procedimiento. Para el logro de los resultados, en algunas ocasiones recurre a la coordinación y esfuerzo integrado con otras disciplinas como la Odontología, la Oftalmología, la Endocrinología, la Dermatología, la Nutrición y la Medicina Estética, entre otras.

La motivación para la Cirugía Plástica puede ser diferente o con matices según se trate de una consulta por estética o reparación. No obstante, ambas comportan siempre un impacto en el aspecto de la persona. En el caso de las personas que demandan procedimientos de Cirugía Plástica Estética, la motivación está vinculada a aspectos socio-culturales como ser, la fuerte tendencia a valorizar la imagen de juventud y atlética, asociadas a una actitud de eficacia y dinamismo.

Es un hecho -más allá de las opiniones personales-, que en todas las culturas, la inclusión social está marcadamente influenciada por pautas estéticas, patrones de belleza y conducta, pudiendo ser diferentes para los distintos contextos socio-culturales. En los tiempos que corren, en la cultura occidental éstos comportan una mayor exposición del cuerpo.

La Estética, como criterio de armonización pero también como forma de sentirnos mejor y expresión de pertenencia cultural, es una idea que acompaña al hombre desde siempre. Tal vez, sea la primera y más antigua expresión de arte y en la medida de que es una de sus manifestaciones, sus patrones se han ido modificando irremediablemente en consonancia con los cambios culturales ocurridos en las distintas épocas.

Aquellos que estén interesados en profundizar en este tema y a los amantes de la lectura, les recomendamos el libro de Humberto Eco La historia de la belleza, magnífica obra excelentemente presentada, en la que todo es disfrutable: el texto, la riqueza y la selección de las imágenes, así como la propuesta de trabajo a la que nos va llevando el autor.

Dado que la idea que tenemos de nosotros mismos, también está condicionada por el retorno que tenemos de los demás, la aplicación de los patrones de belleza a las relaciones humanas, puede hacer sentir a las personas que no están a la altura de las circunstancias o que no son lo que se espera de ellas, menoscabando su autoestima. La aceptación o no de la imagen de sí mismo tiene efectos sobre el psiquismo de las personas y así sobre su vida de relación: afectiva íntima, profesional y social ampliamente considerada. Según como se sienta la persona con respecto a estas condicionantes, podrá asumir una actitud más confiada y activa para la interacción social, en las relaciones de pareja y hasta en la búsqueda de empleo. Por el contrario, la disconformidad puede determinar una actitud más inhibida y replegada, aún apática y depresiva.

Es por esta vía que la Cirugía Plástica contribuye también al bienestar psíquico de las personas, ayudándolas a mejorar la imagen que tienen de sí mismas, sin que esto pretenda bajo ningún concepto, el logro de la perfección o reproducir un patrón único de belleza. La pretensión es mejorar y armonizar el aspecto físico teniendo en cuenta su pertenencia étnica y los rasgos propios de su raza de origen. En forma indirecta, incide entonces sobre las consecuencias que la condición física ha tenido en la vida de relación de las personas, lo que incluye el confort en la intimidad, en el ámbito laboral y las relaciones sociales en el sentido más amplio.

No es un objetivo, y menos aún una posibilidad de esta disciplina del campo de la salud, curar a las personas de ciertos sufrimientos psicológicos o psiquiátricos, aunque puede mejorar la actitud que se tenga frente a la vida y aún para resolver estos problemas a partir de una autopercepción más valorizada, el mejoramiento de la autoestima y en consecuencia de su propio desempeño social.

Desde nuestra experiencia podemos decir que en ocasiones, a partir de un tratamiento quirúrgico algunas personas toman una conciencia, ahora más soportable de esas dificultades y deciden pedir ayuda. Es un momento privilegiado para su devenir. Corresponde entonces orientarlas y brindarles la información para que encuentren la ayuda profesional indicada.

La Cirugía Plástica -ya sea reconstructiva o estética-, tiene sus propios objetivos y técnicas, sin embargo es siempre una especialidad médica y por lo tanto debe ser pensada y ejercida de acuerdo a los principios generales éticos, teóricos y metodológicos de la Medicina. Los cirujanos plásticos no debemos olvidar nunca que el bien mayor es la salud de las personas, tanto en cuanto a los aspectos físicos y psíquicos, como sociales, debiéndose encarar la atención mirando a la persona en su integralidad.

                             Dr. L. Portas
Cirujano Plástico

Dra. R. Peyraube
Médica-Psicoterapeuta