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El rostro humano es tal vez la parte del cuerpo que muestra con mayor contundencia y precisión el paso del tiempo.
El envejecimiento de la cara sigue una secuencia determinada de arriba hacia abajo y hay varios factores que inciden en este proceso. Además del propio paso del tiempo, tienen importancia: la exposición solar desmedida, el hábito de fumar, ciertos estilos de vida y el estado hormonal de la persona. El efecto de este último es mucho más evidente en mujeres que en hombres.
Esquemáticamente podemos decir que a partir de la década de los 20 años se afectará el contorno ocular, evidenciándose sobre todo por el descenso de las cejas (en el balance de fuerzas entre los músculos de la zona, terminan predominando las que la descienden). La cola de la ceja alta da elegancia, refinamiento y sensualidad a la cara, mientras que su descenso produce imagen de agobio tristeza.
A partir de la década de los 30 el cambio más notable es el descenso de las partes blandas del pómulo que se aplana. Como consecuencia, se tironea del párpado inferior haciéndolo aparecer como vaciado, profundizándose el área de las ojeras; cuando esta misma fuerza se trasmite a la grasa interna de la órbita y se suma la flaccidez del músculo orbicular, hace aparecer la llamadas "bolsas" del párpado inferior. Este descenso también rellena el sector de la mejilla y parte del tejido protruye sobre la zona lateral de la nariz y labio superior. Así, comenzará a marcarse el surco naso-geniano.
En los 40 se acentúan estos cambios y se pierde la definción del reborde de la mandíbula, apareciendo pequeñas porciones de tejido descendido a los lados del mentón.
A los 50 se afectará el cuello aumentando su flaccidez y eventualmente el depósito graso.
Como puede comprenderse, en la mayoría de estos cambios, la fuerza de la gravedad juega un papel importante; por eso el cambio más notable es el descenso de las áreas citadas.
Más allá de esto y si tuviéramos que explicar el envejecimiento facial en un solo concepto, observando fotos de una persona en momentos extremos de su vida -por ejemplo a los 15 y los 80 años-, el fenómeno que se destaca es la pérdida de tejido. El descenso de estructuras que inicia el proceso, es seguido por la disminución de los tejidos en calidad y lo más importante, en cantidad, llegándose en edades muy avanzadas hasta pérdida de tejido óseo. Podemos decir que la cara se va "esqueletizando". Envejecer es igual a perder tejido de la cara.
Al inicio, es la piel que se adelgaza; luego sigue el resto de las partes blandas, sobre todo el tejido graso, y finalmente en la avanzada tercera edad, también las estructuras óseas se reabsorben y pierden volumen. Estos cambios sumados a otros, como ser los hormonales en la mujer, determinan una piel menos elástica, más seca, quebradiza, que ya no tiene l tersura y turgencia del tejido joven.
Es prueba de esto que a cualquier edad, las personas con sobrepeso o "llenas" de cara se muestran con aspecto más joven que aquellas magras o adelgazadas.
Las pieles gruesas (hombre respecto de la mujer, raza negra respecto de la blanca), las caras con mayor adiposidad (sobrepeso o genéticamente "plenas" por abundancia de grasa, como en el caso de las poblaciones mediterráneas) y aquellas con estructura ósea prominente (pueblos nativos de América, etnias del Pacífico, mongoles, etc.), resisten más el paso del tiempo y la aparición de los estigmas de envejecimiento.
El concepto de rejuvenecimiento facial debe guiarse por los mismos conceptos que la cirugía reparadora: reparemos la imagen perdida reposicionando los tejidos desplazados por la acción de la gravedad y siguiendo la dirección estrictamente inversa a la de la "caída". Entonces, se deben devolver las estructuras al sitio original o anterior, lo que en general implica elevarlas (elevación sutil), siendo conservador con los tejidos.
Esto es tan así, que a las personas que han experimentado uno o más procedimientos con las técnicas habituales, para lograr el resultado adecuado, llega u momento en el que hay que aportarles tejido, en general grasa propia de otras áreas del cuerpo.
El concepto moderno de rejuvenecimiento cambia la idea de lifting-estiramiento por la de lifting-elevación (lift en inglés significa elevador o ascensor).
Sin embargo, dentro de la colectividad de Cirujanos Plásticos, sólo un porcentaje menor de ellos ha actualizado los conceptos de envejecimiento/rejuvenecimiento facial. Durante la mayor parte del siglo XX -y para muchos aún en nuestros días-, el concepto de rejuvenecimiento facial se basa en el tratamiento de las arrugas. En la opinión del Dr. L. Portas es un concepto insuficiente y erróneo que dio lugar al nombre de estiramiento.
Se comprende que sea una de las cirugías que más temor genera. El mayor miedo es a cambiar su rostro, sus facciones e incluso gestos, y se funda en que es un resultado demasiado frecuente que ocurre cuando no se tiene en cuenta el patrón de envejecimiento. Se pretende hacer la corrección efectuando tensión siguiendo vectores (lineas de fuerza) equivocados. En parte, es porque se realiza como se hiciera antaño, pero también porque es técnicamente más fácil. Este error técnico se hace más evidente aún en personas en quienes se han hecho el mismo procedimiento de manera reiterada.
No obstante, es fácil advertir que, guiándose por la nueva línea conceptual, el procedimiento es simple y el resultado es siempre natural, lo que ha sido su mayor éxito. Y éste es precisamente el objetivo: lograr la reparación de la imagen llevándola a su estado anterior. Lamentablemente, es más frecuente de ver lo opuesto: la imagen de "cara operada".
Al respecto, el Dr. L. Portas nos cuenta: "Al inicio de mi práctica observaba personas sin una sola arruga (múltiples cirugías) que igual se veían envejecidas, así como otras con arrugas que seguían viéndose jóvenes. Esta impresión me resultó tan interesante que solía preguntarle a mis hijos aún pequeños sobre una persona dada -unas veces con y otras sin arrugas-, si a sus ojos era joven o no. Esta notable lo certero de sus respuestas en todos los casos. No era pues la mera presencia o ausencia de arrugas lo que generaba la impresión de vejez o juventud. Los conceptos debían evolucionar."
Hasta no hace mucho tiempo, los Cirujanos Plásticos recomendaban esperar cierto grado de deterioro para llegar a un procedimiento quirúrgico. Esto se debía a las pocas opciones técnicas de que se disponía. Los cambios que se conseguían ocurrían a una edad en la que ya no se era tan joven y por lo tanto, también era más evidente que la persona se había sometido a una cirugía. Al ir incorporando nuevos procedimientos se comenzó a tratar los estigmas del paso del tiempo a edades más tempranas y se ha llegado al consenso de que en la mujer, la década de los cuarenta es la década de la cirugía de rejuvenecimiento.
Pero hemos llegado más lejos aún. Dado que los cambios involutivos comienzan a una edad muy temprana (década de los 20), se desarrollaron técnicas ambulatorias mínimamente invasivas que permiten ir tratando cada evidencia del paso del tiempo por separado y simultáneamente. Este el el otro gran cambio conceptual de la cirugía de rejuvenecimiento: no esperar para rejuvenecer, sino hacer perdurar por más tiempo la imagen fresca de la juventud.
Disponemos hoy de una enorme cantidad de procedimientos, muchos de ellos sencillos y complementarios entre sí, que nos permiten transitar el paso del tiempo con asombrosa gradualidad, cicatrices mínimas o nulas, rápido retorno a las actividades y naturalidad en los resultados sin cambios en los rasgos que nos identifican.
En resumen, el concepto de rejuvenecimiento facial, tal como lo concebi os en la actualidad, supone un procedimiento de técnica simple, refinada y mínimamente traumática, con resultados siempre dentro de los parámetros de los estético y dirigido a mantener o restituir los patrones de juventud.
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